Participar del código estético.

Participar del código estético.

Todos podemos ser unos pequeños expertos en marketing. Hemos sido introducidos poco a poco en algunos principios básicos por el uso de redes sociales, visitar cualquier plataforma web o bajar al supermercado. Somos conscientes del potencial de las imágenes como herramienta de comunicación y de su capacidad en impresionar nuestras retinas. La construcción del lenguaje visual parece tan necesaria como accesible. Necesaria para la elaboración de mapas que establezcan referentes en el acceso a la información, como códigos de diferenciación que funcionen como balizas sobre la paradójica saturación de contenido, como los carteles pegados sobre carteles en los muros de las ciudades. Accesible por la naturaleza y mecánica de las imágenes, donde cualquier contenido puede quedar encerrado en una imagen digital, capaz de soportar todo y donde todo suma, expuesto al éxito en medida de lo atractivo y traducido en la visualización.

Y en esos términos, en la búsqueda de la visualización, podemos utilizar esos principios tan válidos y eficaces que conocemos del funcionamiento de las estrategias de marketing y la publicidad. A la vez que sumamos el conocimiento adquirido de la estética, de la moda, de ese reconocimiento de lo atractivo. La construcción del lenguaje visual discurre por la construcción estética que se vale de la superación de sí misma y de la capacidad de convencer e invitar a participar al individuo como protagonista. Este trabajo sobre la imagen es un ejercicio de depuración y adaptación de carácter global. Sobre ese dinamismo publicitario del “nuevo modelo”, Baudrillard lo explicaba hablado sobre la estética de los objetos “ En el campo de la economía, el dinero debe circular como sea, pues de lo contrario no hay valores. La misma ley gobierna los objetos estéticos: es preciso que haya cada vez más para que exista un universo estético”. En ese sentido el ejercicio creativo nunca está de más, de igual manera que es lícito y necesario que arte y diseño superen siempre la demanda.


Si entonces, lo que quiere uno es crear una “identidad visual”, una “imagen de marca” una diferenciación personal o convertirse en referente, la fórmula está ahí. Una rápida búsqueda en la web encontramos infinidad de entradas que nos invitan a conocer más sobre las estrategias de marketing y nos introducen en nuevos términos y conceptos a tener en cuenta para “posicionarnos” allá donde queramos. Este conocimiento suele articularse en un conjunto de normas básicas y anglicismos como un compendio que ayuda a entender el mecanismo. Las claves del éxito infieren en la comunicación eficaz y en la proyección de imagen, lo que induce a la utilización de recursos gráficos para dar cohesión a la identidad visual y enfatizar la razón del contenido. Además el papel del sentido estético determina la relación emocional entre la imagen y el observador, procura el entorno para el vínculo y queda registrado en su memoria.

Parece como si el uso útil, el uso estético de la imagen, condicionase todo objeto o toda intención. La reproducción o la superación siempre en bajo los mismos términos y la misma intención.

ALERTA, un caso.

El uso indiscriminado de recursos visuales nos deja numerosos casos donde el esfuerzo estético supera la intención inicial debido a una falta o pérdida de perspectiva. Ejemplos hay por todas partes y de toda clase, aquí presento uno caso que me parece muy representativo por la operación que entraña sobre la proyección y vaciado de la imagen, en un ejercicio completamente inconsciente. Con una intención comunicativa explícita de su contenido junto con un uso inadecuado y excesivamente oportuno del recurso visual.

Se trata de este vídeo encontrado en twitter que utiliza una periodista de profesión para introducir o enfatizar algunas de sus entradas en su perfil de carácter informativo.

El uso de este tipo de cabecera, quizá excesivamente oportuno, tiene una intención de diferenciación más allá del perfil personal y el reconocimiento la cuenta como canal informativo. Al observar detenidamente podemos verlo, en esa coreografía futurista Marinetti, en ese imponente y firme travelling de manufactura, algo ocurre. El despliegue visual finalmente nos alerta, pero solo un poco, nos prepara para un golpe de efecto trivial y descafeinado.

La palabra como signo se ha impuesto sobre el significado. Debido a la saturación de información y síntesis de la imagen, el significado se ha devaluado y el signo cobra el valor de la imagen integrándose en el pastiche audiovisual. La palabra ALERTA queda vacía en ese ejercicio de estetización desenfrenado, como un náufrago escribiendo SOS en la playa con letras góticas. Este caso resulta especialmente paradójico debido al antagonismo del término y la intención estética y reafirma de forma contundente lo expuesto anteriormente. Sin embargo, como he mencionado existen infinidad de ejemplos menos extremos pero con más o menos perspectiva, conocimiento y habilidad asumen y anteponen esa necesidad estética.